domingo, agosto 28, 2016

La sed

Descubierta en época tardía, una de las canciones-icono que esporádicamente retorna al corazón. Icono de los "ensimismados" y de los introvertidos, ahora es revelada a este lado de la frontera, dejando el mundo e indagando en la intimidad del artista. Antonio Vega componía y cantaba como quien, sin saber definir, es consciente de la existencia de un paraíso perdido. De que no somos esto que parece que somos, y que la realidad espera un desvelo, uno con el que tal vez muchos podrían identificar la razón de todas las melancolías. La fama fue una cárcel para Antonio, lo es (suposición de un profano) para todo el que tenga sed de Dios y no encuentre la manera de escapar a tiempo. Nos dejó El sitio de mi recreo, en definitiva, el paradigma de letra y melodía que nos permite oír una Voz franca, la del sediento a quien su circunstancia, la del éxito, le impide definir el origen de la sed. Y por causa de esa asfixiante circunstancia llegó a la figura demacrada y conmovedora, ya en el otoño de la vida, que confiesa su perdición entre luchas de gigantes.





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